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¿Con qué sangre teñimos tu color?

Comentario al corto experimental “Atrapadas” de Nataly Vergara Adrianzén por FabiolaG. Arce

La verdad es que hasta cierto punto no es nuevo ver aproximaciones a la violencia a la mujer desde lo audiovisual. Quizás por nuestra urgencia local, regional y global, este tipo de violencia en particular ha poblado mucho del arte de forma mas o menos explícita.

En ese sentido, yo quiero empezar diciendo que considero que lo distinto que trae Atrapadas es una suerte de doble filo en el nombre. Este corto ofrece una aproximación a la violencia hacia la mujer que muestra a su personaje atrapada en el espacio y en la violencia misma pero también tiene la capacidad de atraparnos como espectadores en el rol y espacio menos amigable. 

El/La espectadora pasa del simple observar a ser cómplice y finalmente perpetrador y eso obliga a una aproximación distinta, que nos hace sentir, como debe ser, responsables de la violencia institucionalizada. Desde esta aproximación, el rol de la personaje podría ser tomado por cualquiera de nosotras, en ese espacio casi de hoja en blanco esperando cualquiera de nuestras historias. 

Este corto nos hace responsables y en ese sentido cuestiona la injusticia de la sociedad hacia la mujer porque nos hace experimentar la consciencia de un “podría ser distinto” de un “yo no quiero ser quien ocasione esto” y desde ese espacio de gran incomodidad nos hace percibir la injusticia. 

Así, para mí es un gusto comentar Atrapadas porque es un corto con una serie de aciertos importantes que es importante numerar casi a modo de listado. Si ya he mencionado el espacio de una personaje en blanco como la interminable posibilidad de poblar su rol de personas e historias distintas; el espacio vacío también nos da la posibilidad de pensar en la socialización y en la inmensa cantidad de posibilidades de las que una debería disponer cuando pequeña, cuando recién se empieza a aproximar al mundo y a su propio espacio de lo social, cuando en buena cuenta nuestro propio movimiento empieza a darnos la capacidad de definir nuestro propio destino y de explorar. 

Yo he decidido leer la aproximación a la rosa en ese sentido, como un elemento con la capacidad de representar la interacción social. 

La aproximación a la violencia hacia la mujer en nuestro país, como en muchos otros, no se presenta sistemáticamente (al menos en aquello que llamamos “tiempos de paz”) como aproximaciones abruptas socialmente. Los principales perpetradores son en su gran mayoría personas conocidas para las víctimas: parejas o personas de su círculo familiar o amical cercano. 

Y precisamente, este corto pone en bandeja una forma de observar y entender esa aproximación a lo social, que debería ser armónica, inocente, de convivencia, y en tantos sentidos de baile, como un elemento que hiere y ataca, como un elemento que finalmente atrapa en el espacio de la violencia y que duele en la interacción. 

Sin decirlo, este corto también nos explica de forma subjetiva las principales barreras en el acceso a la justicia y cuestiona seriamente la permanente respuesta recriminadora a las denunciantes y la responsabilización a la víctima en la evidente normalización de roles y comportamientos violentos. Creo que la emoción que siento hoy en el equipo creativo en esta mesa de presentación da cuenta de esa demanda y no me parece casual que todo el equipo a cargo esté compuesto por mujeres.  

El espacio en blanco también nos ofrece la oportunidad de pensar en la posibilidad de definir lo que es propio, aquello que insertamos y que no en nuestro mundo. Y la irrupción de la violencia nos da la capacidad de experimentar algo que muchas mujeres aquí muy probablemente ya hemos experimentado: el querer huir de un espacio que se sintió antes como propio, el esfuerzo de lucha contra algo que no se comprende y que a simple viste parece incluso que no se ve. 

La lucha contra lo invisible nos remite también a la casi imposibilidad de previsión respecto de la violencia y esto tiene mucho a rescatar desde a observación social, porque la violencia hacia la mujer es algo que en su círculo de impunidad se torna muy difícil de observar. Los perpetradores, en tiempos como los que actualmente vivimos, no son necesariamente personajes perturbadores, a veces son buenos jefes, o vecinos ejemplares y aunque nos cueste, hay que decir con claridad que aún hoy es muy difícil luchar contra aquello que socialmente no se ve. 

Finalmente, me gustaría resaltar el hecho de la bandera, porque es una triste coincidencia corroborar en la imagen una pregunta que deberíamos hacernos de forma permanente. Si bien nuestra bandera representa también nuestras múltiples luchas, vale la pena cuestionarse en cada época con la sangre de quién pintamos sus colores. Atrapadas nos da una respuesta, pero nos invita también a cuestionarla. 

Podría hablar mucho más respecto de este corto pero creo que haber tenido la oportunidad de hablar después de las mentes creativas del proceso y el arte hace que mi comentario pueda cerrar tan solo resaltando algo que ya le pude decir antes a Nataly respecto del formato y es que Atrapadas, por la decisión de corto experimental, es un insumo no solo para concientizar, percibir y denunciar la violencia, sino también para actuar contra ella y realmente espero que a partir de ahora veamos que su difusión se lleva  cabo también desde los espacios centrales de incidencia y lucha por la justicia.

Y esto por algo que Amartya Sen articula mucho mejor que yo: “La imposibilidad de callar sobre una cuestión es una observación que puede hacerse sobre muchos casos de patente injusticia que nos enfurecen a tal punto que el lenguaje se queda corto” y yo confío en que esta aproximación desde lo audiovisual cubre precisamente ese espacio en el que, de tanta furia, el lenguaje se nos queda corto. Y es que es mucho más explícito decir: Patria, esta es tu violencia y nos tienes atrapadas. 

Por Fabiola Arce.
Politóloga y defensora de DDHH

Twitter: @FabiolaArce / Facebook: FabiolaArce / Instagram: @FabiolaArce